El simple acto de entrar, caminar por aquellos pasillos llenos de recuerdos infantiles y escuchar aquellas voces de pequeños emocionados por entrar a la escuela; causaron en mí una sensación de alivio reconfortante y una cantidad de sentimientos encontrados como la nostalgia, la amistad y la inocencia que hace ya un tiempo perdí.
Creo que al dejarles un poco de mi esencia a todos aquellos niños no es cosa de todos los días, es decir; compartí buenos momentos con ellos, así como también ellos aprendieron de mí los conocimientos que les impartía cada martes o miércoles; cualquier día era bueno para llenarlos de conocimientos.
Comprende también que la labor de los profesores no es sencilla, ya que se batalla mucho para hacer entender algo a alguien, así como mantener el orden pero al final de cada jornada; nosotros lográbamos nuestro objetivo.
Aprendí también a trabajar en equipo, ya que es muy difícil hacer entender a los otros lo que piensas por que como dicen, cada cabeza es un mundo.
Sea cual sea el aprendizaje de este tipo de actividades, resaltan la calidad del ser humano y lo engrandecen, tal vez no por fuera, pero por dentro enriquece el alma, y eso tiene más valor que nada en el mundo.
Ramon
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